Las librerías de viejo de España y otros países están registrando un fenómeno inquietante: compras masivas y aparentemente automatizadas de libros antiguos descatalogados, con características que delatan su destino final en el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial. Una vez escaneados, los ejemplares son completamente destruidos.
Según recoge Xataka, libreros de Badalona, Estados Unidos, Alemania, Nueva Zelanda y Australia han identificado un patrón común en estos pedidos: indiferencia al precio, ausencia de coherencia temática y automatización en las compras. Marçal Font, de la librería Fènix en Badalona, recibe encargos consecutivos del mismo comprador canadiense separados por apenas un minuto, algunos superando el millar de ejemplares.
Del manual técnico al dietario de guerra: cualquier texto vale
Los libros adquiridos abarcan desde monografías locales de los años setenta hasta actas de congresos medio siglo atrás, manuales técnicos de vinificación o dietarios de la Guerra Civil. Lo que distingue a estos compradores de clientes habituales es la ausencia total de criterio editorial: saltan de un tema a otro sin relación aparente, ignorando el valor de mercado del ejemplar.
El comprador más identificado en España es ZoomBooks, una empresa canadiense de compraventa de libros usados que envía los pedidos a PrepFort, un operador logístico de Illinois encargado de escanear y catalogar los envíos. Cuando se le pregunta sobre su relación con laboratorios de IA, ZoomBooks niega colaborar directamente con Anthropic, la empresa detrás de Claude, y alega confidencialidad en sus acuerdos comerciales.
Proyecto Panama: escanear destructivamente todos los libros del mundo
La operación tiene nombre en clave. Documentos internos de Anthropic destapados por The Washington Post revelan la existencia del Project Panama, cuyo objetivo literal era «escanear destructivamente todos los libros del mundo». El mismo documento pedía que el proyecto permaneciera oculto para evitar problemas de imagen.
En paralelo opera ISBNdb, una base de datos bibliográfica que ofrece abiertamente a laboratorios de IA la compra de entre mil y un millón de libros por encargo. Su argumento comercial es explícito: los libros impresos anteriores a 2022 son la reserva de texto humano puro, protegidos frente a la contaminación de contenido generado por IA que ahora inunda internet.
La sentencia que obliga a destruir los libros
La destrucción no es opcional: es un requisito legal. En junio de 2025, el juez federal estadounidense William Alsup dictaminó en el caso Bartz v. Anthropic que entrenar modelos de lenguaje con libros comprados legalmente constituye un uso transformador amparado por la doctrina del fair use. Pero la sentencia también consideró legal digitalizar esos ejemplares solo si el ejemplar físico desaparecía en el proceso.
Es decir: si el libro físico sobreviviera al escaneo, la empresa conservaría dos copias habiendo pagado una, debilitando el argumento de uso legítimo. La trituradora es, por tanto, un paso obligatorio del proceso legal. ISBNdb ha convertido esa cautela en argumento de venta, ofreciendo a sus clientes acuerdos de confidencialidad en cada encargo y admitiendo sin rodeos que «destruir libros da mala imagen».
Libreros alertan de expolio del patrimonio bibliográfico
Los libreros de viejo españoles han alertado al Ministerio de Cultura de la situación. Miguel Ángel Ortega, presidente de la asociación de libreros anticuarios UNILIBER, recuerda que su gremio cumple funciones de preservación del patrimonio bibliográfico, no solo de compraventa. Marçal Font es más directo: «Estamos ante una forma de expolio literario».
Lo protegido por depósito legal y bien catalogado corre menos riesgo. Pero también existen fanzines, boletines vecinales, publicaciones locales y documentación de movimientos sociales cuya destrucción supone una pérdida irreparable. Xavier Vinaixa, investigador que ayudó a destapar el caso, coincide en que la industria necesita cada vez más texto humano no contaminado por IA para evitar el colapso del modelo, aunque el analista Antonio Ortiz matiza que la escasez de datos pesa hoy menos que hace dos años gracias al aprendizaje por refuerzo.
La investigadora Patrícia Ventura plantea el debate de fondo: el conocimiento tiene que seguir siendo un bien público, no una reserva privada de un puñado de compañías tecnológicas.
Fuente: Xataka · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de SoloNoticias con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
