Frente a la costa norte de Vanua Levu, la segunda isla más grande del archipiélago de Fiyi, hay un pequeño islote de 3.000 metros cuadrados que esconde un secreto sorprendente: bajo los manglares y la arena, la isla está compuesta en un 70-90% por cáscaras de marisco comestible. La datación por radiocarbono sitúa la mayor acumulación en torno al año 760 d.C., con restos que abarcan desde aproximadamente el 420 hasta el 1040 d.C., según informa Xataka.

El depósito de conchas alcanza hasta 60 centímetros de grosor sobre el nivel medio de pleamar. La composición está dominada por almejas del género Anadara, junto a otros bivalvos y gasterópodos comestibles y fragmentos de cerámica, todos ellos indicios de actividad humana. La ausencia de especies marinas no comestibles descarta que se trate de un depósito natural formado por oleaje o tsunamis.
Cangrejos excavadores revelan el pasado
El equipo de investigación tuvo constancia de la isla por primera vez en 2017 durante un reconocimiento general de la zona. Fue la actividad de los cangrejos excavadores lo que llamó su atención: los crustáceos traían a la superficie material de hasta medio metro de profundidad, exponiendo las capas de conchas. En 2024, los científicos retomaron la investigación y confirmaron que se trataba de una isla separada del continente.
Para analizarla, el equipo extrajo 20 testigos de sedimento y excavó cuatro fosas de un metro por un metro. Todos los restos de marisco hallados pertenecían a especies comestibles. No se encontraron huesos de animales, restos de peces ni herramientas de piedra, lo que sugiere que las comunidades antiguas recogían el marisco en aguas someras, extraían la carne allí mismo y transportaban el alimento en vasijas de cerámica a otro sitio, dejando las conchas atrás.
Un conchero convertido en isla
Los «concheros» o shell middens son acumulaciones de desechos de marisco conocidas en la arqueología del Pacífico, ya que ofrecen pistas sobre la alimentación y las costumbres de comunidades antiguas. Sin embargo, este caso es excepcional: el conchero es tan grande que formó una isla entera de manera accidental. El manglar llegó después, cuando el asentamiento ya había sido abandonado: el descenso relativo del nivel del mar y la deforestación de zonas interiores liberaron grandes cantidades de sedimento que funcionó como sustrato sobre el que arraigar.
Históricamente no abundan los estudios arqueológicos en Vanua Levu, y este yacimiento constituye una oportunidad para reconstruir antiguos asentamientos y sus costumbres. El siguiente paso del equipo es explorar la zona continental cercana a Culasawani para encontrar el poblado asociado y entender mejor cómo funcionaba todo el sistema.
Una carrera contra el tiempo
El islote es tremendamente vulnerable a la subida del nivel del mar, una amenaza de la que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático ya ha advertido. Lo que apenas asoma entre los manglares podría desaparecer en las próximas décadas, borrando seis siglos de historia humana depositada en forma de conchas.
Fuente: Xataka · Esta información ha sido elaborada por la redacción de SoloNoticias con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
